martes, 30 de diciembre de 2014

¿VERDADES O MENTIRAS? MIENTRAS TANTO… ¡REALIDADES!, CENTRO DE CORRECCIÓN Y REHABILITACIÓN PEDRO SANTANA EN SAN PEDRO DE MACORÍS (CCR-11)

Autor: Anny Santana Rodríguez                           Profesor: Geovanny Vicente Romero



"El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla"-Manuel Vicent (1936).

Realizamos una visita al Centro de Corrección y Rehabilitación de San Pedro de Macorís CCR-11, el Miércoles 26 de Noviembre del año en curso y procedí a encuestar a 15 internos (hombres),  con el tema  “Victimización en los Centros Penitenciarios”. Allí se puede palpar la cruda realidad que se vive y que no solo las condiciones que brindan los centros penitenciarios  los hacen ser  o estar mal, sino que vienen desde las calles con condiciones y pensamientos negativos, inhumanos, destructivos, sintiéndose víctimas del sistema, pero sin ningún deseo de mejorar. Esto es lo que vemos primar en nuestros centros penitenciarios, muchos jóvenes que han carecido de atención y corrección en los hogares, que han cometido delitos para llamar la atención de estos, que se ven con falta de oportunidades, pero que aún teniéndolas las dejan ir de sus manos por la ausencia de conocimiento, educación y capacidad. En fin, seres humanos  que de manera errónea han tomado  decisiones sin pensar en las consecuencias. Ahora bien, ¿sería verídico lo que muchos de estos internos expresan? ¿Será verdad lo que estos hombres cuentan sobre el trato que se les da en el Centro de Corrección y Rehabilitación y sobre sus vidas antes de ingresar  allí? No lo sabes, pero mientras tanto… analicemos sus realidades.

Hombres que comprenden entre las edades de 18 a 65 años, en su mayoría de 18/24 años, ingresados por delitos como Homicidio Consumado, Robo con intimidación y Lesión permanente con armas de fuego o armas blancas, 13 de los 15 encuestados se encontraban laborando antes de ingresar al centro, uno se encontraba estudiando a pesar de que un gran porcentajes de ellos tenían un nivel académico  sumamente bajo, paupérrimo, que no completaron la secundaria y abandonaron las aulas a los 12/15 años; y otro se encontraba desempleado. Hombres con sus familias, con parejas, hijos, que lo pierden todo cuando  caen en desgracia y que se aferran a la esperanza de recuperarlos cuando obtengan su libertad. Otros internos cumplían condena por violación sexual, violencia de género y asociación de malhechores.

Pero puede que lo expresado anteriormente no sea la más interesante, pues existe aquel  factor o auxiliador que se vuelve  la amiga  invaluable de estos hombres, que los ayuda a sobrellevar sus días mientras cumplen su condena: la droga. Bien lo dice el refrán: “quien hace la ley, hace la trampa”. Para nadie es un secreto que son muchos los trucos y mañas que se pueden aprender y desarrollar dentro de estos centros y que obviamente facilitan el tráfico de sustancias, violentando todo código o parámetro establecido,  y burlando así a las autoridades. La marihuana  es la que predomina, tienen un costo de cien (100) pesos un tabaquito (como ellos lo llaman) y es consumida  dos o tres veces por día, durante toda la semana. Otra sustancia en la Cocaína, con un valor de doscientos (200) pesos una fundita. Esta no se consume tanto porque  algunos dicen “que le da´  duro”, por esto podríamos entender que es sumamente fuerte y que los efectos que produce son malísimos; otros expresan que es por su alto costo y otros dicen que simplemente no les gusta, pero al final es lo mismo… TODOS consumen alguna droga para despejar la mente y sobrevivir a lo que ellos le llaman un infierno. El alcohol que también suele ser un acompañante a la pena  y el dolor,  no se consigue dentro del centro, pero sí lo fabrican  con alimentos como zanahoria, remolacha y cítricos que los mismos internos roban de la cocina y lo denominan “Vitriche”, que no es muy comercial porque no es una bebida fuerte, no es alcohol persé y los internos lo que quieren es algo para anestesiar su agonía.

En un aspecto más personal, humano e íntegro, estuvimos cuestionando a los internos sobre el trato que reciben allí tanto por los compañeros como por parte de  las autoridades. Obviamente estas personas que en primer lugar son condenados por la sociedad, luego sufren ciertos malos tratos dentro del centro, pese que el artículo 1, inciso 5 de la ley 224 del año 1984 sobre Régimen Penitenciario  prohíbe todo tipo de tortura, puesto que este nuevo Centro de Corrección y Rehabilitación de San Pedro de Macorís se encuentra bajo la supervisión del Nuevo Modelo, que busca sobre todas las cosas rehabilitación, regeneración y reinserción del individuo.

Robo de pertenencias, golpes, insultos, amenazas, palizas y patadas, son de las leves agresiones que reciben los internos, sin contar de la famosa “plancha”, que es el castigo máximo que reciben si desacatan una orden. Pero hay que aclarar que eso no es constante, es decir, los mismos encuestados decían que sólo sufrían estas agresiones si realmente se portaban mal, pero que si “andabas por la rayita”, los “agentes o azulitos” (calificativos que utilizaban para referirse a un funcionario), no te hacían nada y se mantenían las cosas en orden y calma. Ahora bien, desde el ámbito social, también se daban estos actos agresivos en contra de los internos. Muchos fueron robados, amenazados, apuntados con armas blancas y de fuego e insultados antes de tener algún asunto judicial, y  ¿que vemos ahí? Una sociedad carente de valores, de sentido humano, llena de prejuicios, necesidades, violenta… una sociedad vacía, que en cierta medida contribuye a que hoy en día nuestros centros estén llenos de delincuentes y presuntos delincuentes.

Otro punto tratado en la encuesta fue la salud, tanto física como mental. Muchos dijeron que cuando cayeron en prisión se deprimían mucho, por la decepción que tenían sus familiares, porque era demasiado duro y fuerte el estar privado de su libertad y porque han perdido de todo, familia, amigos, parejas… Gran parte de ellos sufren de insomnio, tienen pesadillas constantes. Y se preguntarán: ¿qué sueñan, porque no duermen?  Estos hombres cargan en su conciencia muertes, escenas sangrientas, que son repetitivas en sus mentes. Parecería de película, pero NO, algunos de ellos me contaron de cómo dieron muerte a sus víctimas, de cómo fueron cómplices en atracos y del porqué lo hacían.  No duermen, no sólo porque tienen cargos de conciencia, sino porque allí dentro tienen que estar al asecho de qué pasa, qué se mueve, debido a que se arman motines de un momento a otro y por eso hay que estar despierto y vigilante.

Como dijo el filósofo y matemático griego Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario corregir a los hombres”.  Utilizo esta frase, pues entiendo que todo empieza desde las familias, entiendo que es un factor primordial en la vida de cada ser humano y que esa  es la raíz de todo. Si desde pequeños vemos actos o acciones incorrectas, probablemente seguiremos ese patrón y lo guardaremos como correcto en nuestra mente. Por eso es importante educar al niño, orientar al joven y crear conciencia en el adulto para crear una sociedad más sana, con valores más sólidos y sentimientos más humanos. No sé si mi postura es la correcta, si son verdades o mentiras. Mientras tanto…Realidades!!


















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