martes, 30 de diciembre de 2014

LA IRONIA DE LOS BARROTES DE GOMA

Autor: Juan Manuel De La Cruz                                                    Profesor: Geovanny Vicente Romero



 “Solo le muestran la rosa, y su belleza, pero no les muestran las espinas que no se ven aquí delante.” Son las palabras expresadas por uno de los internos, en el viaje académico realizado al Centro de Corrección y Rehabilitación (CCR-11) a propósito de una investigación del Centro de Políticas Públicas, Desarrollo y Liderazgo (CPDL-RD) conjuntamente con la universidad de Murcia, en un estudio sobre “Victimización en los Centros Penitenciarios”;
Este es uno de los centros del nuevo modelo, que trae a consecuencia las aspiraciones de reformas a las demás cárceles del país a los fines de llegar a una mejor condición de vida de los internos, de admiración de los centros carcelarios, y transparencia en su funcionamiento, aparentemente pertenecer al nuevo modelo debería suponer una “dicha” de estar viviendo en condiciones más humanizadas y con mayores niveles de seguridad y responsabilidad, de la cual no es realmente mucha la diferencia como afirman ellos.

Expresiones como “por más lindo que lo pinten… imagínate esto es una cárcel” en el entendido que por más acondicionamiento que se les dé a los centros, todavía en la memoria de la sociedad, y en las de los empleados del centro entienden que no son dignos de un buen trato o que no pueden confiar plenamente en ellos.

De manera general en el aspecto físico se veían limpios y no se notaban descuidados o desarreglados, pero otros si aturdían con un olor fuerte que a mi entender se asimilaba con el de líquidos de zapatos o algo parecido, al extremo de provocar tos, y como expresaban que a pesar de las buenas intenciones de muchos no se podían confiar del todo en nadie.

sumiéndome más en el dialogo con los internos me doy cuenta que muchas de las irregularidades del viejo modelo poco a poco ya se incorporan en éste, es decir un interno me dijo que tiene su negocio dentro del recinto aunque se negó a especificar qué tipo de negocio era, y casi un sesenta por ciento (60%) de alrededor de unas 22 personas entrevistadas me dijo que consumía marihuana, dentro del consumo de estupefacientes la marihuana se llevó la mayor, de hecho creo que solo 1 consumía crack, y alrededor de 5 consumían cocaína, y casi todos estos habían visto o sabían de casos de personas que han muerto sujeto de estos vicios, a lo cual solo decían que las drogas los ayudan a dormir, a no estar tan ansiosos, a no estar deprimidos, inclusive me relatan historia de un doctor que murió de la pena, y la depresión que lo arropó.

También se referían a los funcionarios como “los azulitos” los cuales le propinan golpizas y les maltratan,  esta  fue una de las quejas generales que más abundaron, esa y los que se enferman, de la poca diligencia para conseguir los medicamentos o chequearlos, irónicamente la cárcel queda justo detrás del Hospital Regional Publico.

Todos fueron muy cooperativos y diligentes a ser encuestado, de hecho ninguno lo rechazó, y uno inclusive fue que me pidió que anote su nombre a pesar de no ser necesario, porque de todos modos ya no le puede pasar nada decía él, de todas las edades, y la gran mayoría han avanzado sus estudios básicos y de secundaria luego de su estadía en el centro.

Muchos fueron honestos respecto a su responsabilidad, se consideraban culpable de sus hechos, otros no habían cambiado su percepción al menos de lo que se le imputa está mal, de hecho sorprendía ver con la naturalidad que hablaban de matar, de drogarse, robar, sin ningún tipo de pena, pero otros se sienten grandemente incomprendidos, en el sentido de que aseguran rotundamente su inocencia, influencia de dinero, o simplemente mala suerte respecto a un caso que lo condujo a ese lugar.

La mayoría piensa que los primeros meses son los más duros y que causan más depresión, porque están alejados de su familia, la que consideran en muchos casos la única fuente de ingreso, o cuando vienen trasladados de otros sitios donde no tienen a nadie que los ayude o los visite, algunos dicen que sus cosas personales las tienen que comprar ellos con su propio dinero, como los carnet, pasta dental, jabón, entre otras.

Solo uno (1) admitió haber intentado suicidarse y ninguno dijo haber sido tocado sexualmente dentro ni fuera del recinto, casi todos han tenido un familiar que se ha enfermado gravemente, y han presenciado muertes por drogas, alcohol y accidentes de tráfico.
En conclusión, es irónico ver que a la larga le trae poca sino ninguna rehabilitación a estos internos y como son constantemente maltratados y menospreciado, lo que hace que en ellos muchas veces crezca el resentimiento contra la sociedad, además de todos los problemas que dejaron en la calle y la gente que espera que salga, lo amenaza desde adentro, y todo esto lo que lleva es la propensión a reincidir.


No es cuestión solo de políticas penitenciaria sino reeducación, hasta que la rehabilitación deje de ser una ficción para justificar aislamiento y se proponga a reivindicar al sujeto, hasta que se respete la dignidad humana y los derechos de los internos, los barrotes siempre serán de goma para escapar de la realidad, no de los internos, sino de la sociedad que es la que queda encerada.












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