martes, 30 de diciembre de 2014

Una excelente paradoja: “Mientras mejor los trates, menos regresarán”

Autor: Dharina Aquino                                                               Profesor: Geovanny Vicente Romero



El nuevo modelo penitenciario es un sistema de administración moderno y garantista, concentrado en dirigir el tratamiento penitenciario que debe proporcionarse al individuo que se encuentre  interno por causa del incumplimiento de una norma jurídica, así como del intento o materialización de hechos que la Ley castigue con pena privativa de la libertad.

Dentro de las características principales de este modelo encontramos:

ü  La administración de los centros penitenciarios deben ser de carácter civil.
ü  El tratamiento debe ser personalizado, para adaptarlo a cada caso en particular.
ü  Nunca deberán ser vulnerados los derechos fundamentales del interno.
ü  Debe estar orientado a lograr la rehabilitación y la reinserción del interno.
ü  El Estado, la Administración Penitenciaria y los tribunales de la República, deben velar porque a todo lo anterior se les dé estricto cumplimiento.

Al abrir sus puertas para nosotros los Estudiantes del 12vo Semestre de la Escuela de Derecho en la Universidad Central del Este y que cursamos la asignatura de Derecho Penitenciario, impartida por el Lic. Geovanny Vicente Romero, esta fue  una gran experiencia vivida, al visitar el Centro Correccional y de Rehabilitación, ubicado en el sector México, ciudad San Pedro de Macorís, Rep. Dom.
Administración Civil:

La primera impresión que nos brinda dicho centro penitenciario al introducirnos en sus instalaciones, es que pese a la estricta disciplina y seriedad que muestra el personal, muy semejante a la de los militares, el trato para con los visitantes no deja de ser respetuoso y cordial.
Según pudimos apreciar el personal administrativo se ajusta a la primera característica  de las que enumeramos anteriormente; se trata de “una autoridad civil que  aún conserva parte de sus rasgos militares¹”. Todos se encontraban debidamente uniformados, con el atuendo designado para su labor, no se trataba de militares, sino de ciudadanos civiles, formados para cumplir con la función que desempeñan.

Garantía de los Derechos Fundamentales:

En lo que respecta a los Derechos Humanos Fundamentales, aquellos que le son inherentes y  de los cuales el ser humano es titular por el solo hecho de ser una persona, y que por tanto, no le pueden ser negados, ni arrebatados.

Mientras entrevistábamos a un grupo de internos de manera personal, pudimos comprobar  que estos viven en excelentes condiciones de higiene, esto lo refleja el cuidado con el que se manejan los alimentos, tanto en la cocina donde se preparan,  como al colocarlos debidamente tapados en las mesas del amplio e impecable comedor.

Otra de las observaciones que hicimos, es que todos los internos se encuentran debidamente uniformados, con ropa apropiada para el clima de nuestro país y en condiciones que respetan su dignidad, tal como lo exigen las reglas mínimas del tratamiento penitenciario.

En la parte del recito posterior al comedor, pudimos ver a través de las ventanas que había una huerta, plantada con auyama “calabaza”, plantas de gandules, caña de azúcar, entre otros, lo que nos hace presumir que además de las labores en el jardín, la cocina, practicar deportes y estudiar, también pueden practicar agricultura a pequeña escala.

Otro derecho que ejercen libremente y según comprobamos es la práctica de las religiones de su preferencia, así como celebrar culto según su doctrina y la enseñanza a sus compañeros que lo deseen. Todo esto en pro del desarrollo de facultades útiles tanto para la vida en el centro penitenciario, pero más aún para reinsertarlos en la sociedad.

El CCR desde una óptica personal:

Avanzaban uno por uno hacia nosotros los encuestadores, identificados con su color característico, Verde los internos preventivos y Azul los condenados.

“! Buenos días ! somos estudiantes universitarios que participamos en un estudio sobre la victimización en los centros penitenciarios, la información que proporcione será estrictamente confidencial, así que puede hablarnos con total sinceridad. Fueron las  palabras que expresamos, para dar inicio a nuestra entrevista.

Cada uno de ellos tenía una historia que contar, una herida que sanar. Recuerdo aquel que tenía miedo de que los familiares de la víctima le hicieran daño al salir de prisión, recuerdo aquel que decía pedir después Dios todos los días por lo que había hecho y me contaba que no podía dormir, también a ese que admitía el hecho, pero alegaba su legítima defensa, uno de ellos  no mostraba arrepentimiento alguno y  me contaba que el delito era la única forma de vivir que conocía, todo esto sin olvidarme de ese otro hombre que decía que pese a su antigua vida, la Fe le había transformado y que era un  hombre nuevo.

Todos juntos bajo un mismo sistema, pero cada individuo tiene sus propios “demonios” que enfrentar, vienen de  estratos sociales distintos, con grados académicos diferentes, algunos confesaron nunca haber ido  a la escuela. Muchos de ellos habían sufrido más durante el desarrollo de sus vidas, que en el tiempo transcurrido desde que llegaron al centro. Lo que nos lleva al tema del tratamiento individualizado y personalizado,  que cada uno debe recibir para que la rehabilitación se lleve a cabo efectivamente.

Cada individuo que llega a convertirse en delincuente tiene su cuota de responsabilidad en ello, pero también existen factores predisponentes y factores detonantes que facilitan la comisión del hecho punible, por esta razón, más que castigar al infractor, el tratamiento debe ir enfocado en localizar los factores que inclina la balanza hacia el delito y junto a esto ofrecer nuevas alternativas.

Un tratamiento penitenciario debería ser una consecuencia que sirva de advertencia a posibles infractores,  pero  también una oportunidad para corregir problemas de la conducta producidos por la influencia de una sociedad corrompida que trasciende a las familias, y por ende a los individuos que las conforman; problemas sociológicos y psicológicos que si bien no desaparecen por arte de magia, pueden mejorarse.

Uno de los propósitos de dicho tratamiento es la reinserción y por supuesto la NO REINCIDENCIA, por esta razón me surgió la idea  algo cómica de que a diferencia de otras instituciones que demuestran su calidad a través de la masiva concurrencia de sus usuarios,  la calidad de un centro penitenciario es inversamente proporcional a la cantidad  de los ex internos  que regresan.


Es decir MIENTRAS MENOS EX INTERNOS REGRESEN, MAYOR CALIDAD HAY EN EL TRATAMIENTO.
















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